octubre 24, 2026

La profesional que mira por la ventana.

By In Comercio Internacional

Lleva más de veinte años en comercio internacional. Conoce decenas de países, ha sentado en la misma mesa a gente que no coincidía en nada y ha cerrado acuerdos que parecían imposibles. Si le preguntas, te dirá que le encanta su trabajo. Y es verdad.

Pero hay algo que no le cuenta a casi nadie: hace tiempo que sospecha que no está en el sitio correcto.

No es que le falte trabajo, ni ganas, ni resultados. Es una sensación más sutil. La de dar mucho y notar que el esfuerzo no siempre tiene eco. La de crecer hasta donde la estructura permite y encontrarse con un techo que no es suyo, pero que le toca asumir.

Por eso mira por la ventana. Revisa ofertas, imagina otros equipos, otros productos, otros retos. Se ve a sí misma allí, y durante un rato la idea la ilumina.

Y entonces llega el momento de dar el paso, y algo se detiene.

Es el miedo a lo desconocido. No al trabajo, que lo domina, sino a empezar de cero en un lugar donde nadie conoce su historia. Es el miedo a no hacerlo bien, a que lo que funcionó aquí no funcione allá. Y detrás va una pregunta más incómoda todavía, la que se hace de madrugada: ¿de verdad me quedan ganas de seguir demostrando?

Porque demostrar cansa. Después de tantos años, empezar otra vez a ganarse la confianza, a justificar cada decisión y a hacerse un hueco pesa más que antes.

Aun así, ella sigue creyendo en algo que le han enseñado la experiencia y el sentido común: crecer es importante. Profesionalmente, para seguir aprendiendo. Y económicamente, porque el valor de lo que uno aporta también se mide ahí, aunque a veces cueste decirlo en voz alta.

Y si no te sientes valorada, ¿cuánto tiempo se puede esperar a que alguien lo note?

No tiene una respuesta cerrada. Quizá la solución no sea saltar de golpe, sino prepararse mejor. Quizá sea aprender a distinguir entre el miedo que protege y el miedo que paraliza. O quizá se trate de recordar que quien ha construido relaciones de confianza en treinta países no empieza nunca realmente de cero.

Lo único que tiene claro es esto: quedarse por inercia y marcharse por impulso son dos formas distintas de no decidir.

Y tú, ¿has estado alguna vez entre la comodidad de lo conocido y las ganas de algo más? ¿Qué te frenó, o qué te hizo dar el paso?