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¿Qué significa ser icónica?
El otro día alguien me dijo que soy una mujer icónica.
Me quedé un momento en silencio. No por modestia, sino porque la palabra me hizo pensar. Icónica. ¿Qué significa eso exactamente?
Lo primero que nos viene a la cabeza son imágenes: Audrey Hepburn con su cigarrillo largo, Frida Kahlo con sus flores, Diana Spencer bajando sola las escaleras del Taj Mahal. Mujeres que dejaron una marca visual, una silueta reconocible.
Pero creo que eso es solo la superficie.

Ser icónica, en el sentido que más me importa, no tiene que ver con la imagen. Tiene que ver con el rastro que dejas en las personas. Con que alguien, años después de haberte conocido, siga pensando en algo que dijiste o en cómo te comportaste en un momento difícil. Con que tu manera de estar en el mundo haya cambiado, aunque sea un poco, la manera en que otros están en el suyo.
No se construye posando. Se construye siendo.
Y eso requiere coherencia. Presencia. Atreverse a tener criterio propio cuando es más fácil callarse. Cuidar a la gente de verdad, no por estrategia.
Cuando me dijeron esa palabra, pensé en todas las personas que han dejado huella en mí. Ninguna de ellas lo intentaba. Simplemente eran muy ellas mismas, con una intensidad tranquila que se te queda pegada.
Quizás eso es lo icónico de verdad. No lo que proyectas, sino lo que permanece cuando ya no estás en la habitación.