mayo 3, 2026

EL MUNDO EN LLAMAS: ORMUZ, IRÁN Y EL FIN DE LA OPEP TAL COMO LA CONOCÍAMOS.

By In Actualidad Internacional 2026

Cuando la geopolítica deja de ser un telediario lejano y se convierte en tu factura de energía.


Hay semanas en las que el mundo parece acelerar de golpe. Esta es una de ellas.

Mientras escribo esto, el estrecho de Ormuz — ese pasillo de apenas 34 kilómetros por el que transita el 20% del petróleo que mueve el planeta — lleva semanas en una situación sin precedentes. Los Emiratos Árabes Unidos acaban de abandonar la OPEP, efectivo este mismo 1 de mayo. Y Trump negocia con Irán mientras lanza amenazas en la misma frase. Europa, como de costumbre, intenta no romperse por dentro.

Vayamos por partes.


EL ESTRECHO QUE TIENE EL MUNDO EN VILO

El 28 de febrero de 2026 cambió muchas cosas. Tras los ataques militares conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán — la llamada Operación Furia Épica — la Guardia Revolucionaria emitió advertencias prohibiendo el paso de embarcaciones a través del estrecho, provocando una paralización efectiva del tráfico marítimo.

¿La consecuencia inmediata? Los precios del petróleo Brent superaron los 100 dólares por barril el 8 de marzo de 2026 por primera vez en cuatro años, llegando hasta los 126 dólares en su punto máximo. El cierre fue calificado como la mayor interrupción del suministro energético desde la crisis de los años 70.

Aquí es donde a mí me gusta hacer una pausa. Todos hablábamos de Ormuz como de un riesgo teórico, un «evento de cola» que los analistas mencionaban pero nadie terminaba de creerse. Tradicionalmente, el cierre del estrecho se consideraba un evento de baja probabilidad, ya que un bloqueo total no tiene precedentes históricos. Pues bien: lo improbable ha ocurrido. Y el mundo no estaba preparado.

De momento en nuestro sector, seguimos con suministro de beses de petróleo pero con unos precios nunca vistos, nuestros proveedores nos suben el precio cada semana y si te niegas, se lo venden a tu competidor más caro y como el negocio debe swerguir funcionando, pues a comprar a precios de escándalo.


TRUMP, IRÁN Y LA NEGOCIACIÓN MÁS EXTRAÑA DEL SIGLO

La diplomacia con Irán en estos meses ha sido, en el mejor de los casos, un ejercicio de equilibrismo extremo. Y en el peor, un teatro de amenazas que va y viene como las mareas.

Arrancó en abril de 2025 con un intercambio de cartas entre Trump y el líder supremo iraní. El 12 de abril de 2025, Irán y Estados Unidos comenzaron una serie de negociaciones con el objetivo de alcanzar un acuerdo nuclear de paz. Las conversaciones avanzaron. Hubo rondas en Omán. Después vino la escalada militar. Después el alto el fuego. Después Irán cerró el estrecho otra vez.

Irán ha exigido que Trump levante el bloqueo a los barcos que entran o salen de puertos iraníes en el estrecho de Ormuz antes de que Teherán participe en una nueva ronda de negociaciones. Trump, por su parte, ha respondido con su particular estilo: afirmando que «vamos a terminar con un gran acuerdo» y que Irán «no tiene otra opción», mientras en la BBC resonaban sus palabras del 5 de abril: «El país entero podría ser eliminado en una noche.»

Varios puntos críticos siguen sin resolverse: la futura capacidad de Irán para enriquecer uranio, qué ocurrirá con sus reservas de uranio altamente enriquecido y qué sanciones se levantarán.

Lo que tenemos es un alto el fuego prorrogado sin fecha de vencimiento y negociaciones que, según los propios mediadores, presentan fracturas dentro del actual liderazgo iraní, donde no existe consenso claro sobre cuánto margen dar a los negociadores.

Dicho de otra forma: dos países hablando, sin saber bien quién manda en el otro lado de la mesa.

Acuerdos diplomáticos entre dos potencias que solo buscan y quieren lo mejor para sí mismos y su país, sin pensar en las consecuencias mundiales. Si alargan mucho las conversaciones y no llegan a un acuerdo pronto, nuestras economías sufrirán tanto que no sé como saldremos de esta tremenda crisis.


EUROPA: DIVIDIDA, COSTOSA Y ALGO PERDIDA

Si algo ha dejado claro este conflicto es que la Unión Europea sigue sin tener una política exterior real cuando las cosas se ponen serias de verdad.

La fractura apareció desde el primer momento: España adoptó una de las posturas más críticas, con Pedro Sánchez invocando el espíritu del «no a la guerra». Francia, Alemania y el Reino Unido evitaron condenar los bombardeos iniciales. Alemania permitió que EE.UU. siguiera utilizando la base de Ramstein; Reino Unido autorizó el uso de sus instalaciones para ataques contra objetivos iraníes.

El resultado fue una respuesta diplomática fragmentada, en la que la UE como bloque evita implicarse directamente, pero tampoco articula una línea política única.

Y mientras los diplomáticos debaten, para Bruselas este conflicto no es un asunto de política exterior lejano, sino una amenaza directa a la estabilidad de la UE: las perturbaciones en el estrecho de Ormuz afectan el suministro energético y elevan el riesgo de fuertes subidas en los precios del gas y del petróleo.

Trump no ha dejado de frotar sal en la herida. Sus comentarios — incluyendo que «absolutamente consideraría» retirarse de la OTAN — reflejan su frustración porque algunos aliados no proporcionaron apoyo de sobrevuelo ni bases a Estados Unidos durante la guerra con Irán.

Un diplomático europeo lo resumió con cierta resignación ante la CNN: «Día de la marmota.»

Esta crisis mundial nos afecta a todos pero cada país debe gestionarla para evitar consecuencias perjudiciales. España como siempre lo hará mal, el pasado me avala cuando hago este comentario. Tenemos un gobierno que no entiende de gestión, no sabe ni quiere saber, en fin, veremos.


EMIRATOS SE VA DE LA OPEP: EL TABLERO ENERGÉTICO CAMBIA

Y entonces, el martes pasado, llegó la noticia que remató la semana: Emiratos Árabes Unidos abandonará la OPEP — organización a la que pertenecía desde 1967 — con efecto a partir del 1 de mayo de 2026.

¿Por qué ahora? Las razones son múltiples y se solapan. La decisión es tanto política como empresarial: a corto plazo, abandonar el cártel da a Emiratos la libertad de responder rápidamente a las perspectivas de restricción del suministro y maximizar beneficios. Pero hay más: la salida sitúa a Emiratos como el Estado del Golfo más cercano a Donald Trump — un crítico habitual de la OPEP — y debilita la capacidad de Arabia Saudí para gestionar el precio del petróleo.

Hay también una lectura de orgullo herido. Abu Dabi lleva tiempo quejándose de que la OPEP limita injustamente su producción. Las cuotas de la OPEP habían limitado la producción de EAU a 3,2 millones de barriles diarios, a pesar de contar con capacidad para producir cerca de 5 millones.

Ebtesam Al-Ketbi, presidenta del Emirates Policy Center, lo formuló con elegancia quirúrgica: «Emiratos está redefiniendo su papel, pasando de ser un productor dentro de un bloque a un productor equilibrador que contribuye a la estabilidad del mercado gracias a su capacidad de actuación.»

Las consecuencias son relevantes. La salida de EAU reducirá el control de la OPEP sobre el suministro mundial, pasando de aproximadamente el 30% al 26%. Y aunque a corto plazo el impacto está amortiguado por el cierre de Ormuz, cuando el estrecho se reabra, la oferta global será superior a la que se habría registrado de no haberse producido esta situación.

Dicho llanamente: más petróleo en el mercado, menos poder de Arabia Saudí para controlar precios, y Trump frotándose las manos.

Esta noticia es muy buena para nuestro sector siempre y cuando se reabra el estrecho de Ormuz, llegando a poder bajar precios a finales de este año, pero no llegando a niveles anteriores hasta pasado mucho más tiempo pero debemos conseguir que el estrecho quede abierto.


ENTONCES, ¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN REALIDAD?

Si levantamos la vista y miramos el conjunto, lo que vemos es un reordenamiento acelerado del mundo tal como lo conocíamos.

El multilateralismo se resquebraja. La OPEP pierde fuerza. Europa busca su papel sin encontrarlo. Irán negocia desde los escombros. Y en el centro de todo, un estrecho de 34 kilómetros que recuerda, una vez más, que la economía global sigue siendo extraordinariamente frágil ante la geografía y la geopolítica.

Si el cierre de Ormuz se prolonga, el impacto en Europa se producirá fundamentalmente vía precios, especialmente en el gas natural licuado. Esta crisis tiene el potencial de ser más severa que la desencadenada tras la invasión rusa de Ucrania.

Para quienes trabajamos en comercio internacional, la lección no es nueva, pero sí urgente: los riesgos que parecen lejanos, a veces, no lo son tanto.

Las consecuencias desde el lado económico, ya las sabremos, nada optimistas y desde el lado humano, espero que todos rememos a una, proveedores, clientes, empresas y empleados para intentar llegar al punto de partida, juntos , olvidándonos de nuestros propios intereses, buscando un objetivo común, la recuperación y la estabilidad? ¿Seremos capaces?