Siete días que sacudieron la economía internacional
“La variable definitoria que configura el panorama global y regional no es simplemente la intensidad de los intercambios militares, sino la duración y profundidad de cualquier interrupción de los flujos de petróleo y GNL a través del Estrecho de Ormuz.”
— Garbis Iradian, Economista Jefe del Instituto de Finanzas Internacionales
El 28 de febrero de 2026 quedará grabado como uno de esos momentos en que el orden internacional cambia de forma irreversible. Mientras el mundo dormía, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán en lo que se convertiría en el conflicto más desestabilizador de Medio Oriente en décadas.
Hoy, siete días después, mientras escribo esto, el impacto va mucho más allá de los titulares militares. Como profesional del comercio internacional con más de 20 años de experiencia, he vivido crisis geopolíticas, pero pocas con un potencial tan inmediato de paralizar la economía global.
Los hechos: cuando la diplomacia explotó en el aire.
Los números son escalofriantes y las implicaciones, devastadoras.
El conflicto comenzó mientras Irán negociaba un acuerdo de desarme nuclear con Estados Unidos.En las horas previas al ataque, Teherán había declarado públicamente su disposición a entregar uranio enriquecido y permitir inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica. Dos días después, el líder supremo iraní Alí Jamenei estaba muerto, junto con miles de civiles.
La respuesta iraní fue inmediata y brutal: misiles y drones contra Israel y bases militares estadounidenses en Baréin, Kuwait, Catar, Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Jordania e Irak. Para el día cuatro, Estados Unidos e Israel habían atacado más de 1.200 objetivos. Para el día siete, esa cifra se había duplicado.
El 2 de marzo, el conflicto se extendió al Líbano. Israel lanzó una invasión terrestre del sur mientras bombardeaba posiciones de Hezbolá en Beirut.
El estrecho que sostiene al mundo (y que ahora está cerrado)
Pero para las empresas internacionales, el verdadero problema no está en los campos de batalla. Está en un corredor de agua de apenas 39 kilómetros de ancho: el Estrecho de Ormuz.
Normalmente, alrededor de una quinta parte de la producción diaria mundial de petróleo pasa por esta vía fluvial. Es, literalmente, la arteria que mantiene viva a la economía global.
Hoy está prácticamente paralizada.
El transporte marítimo por esta vía se ha detenido, interrumpiendo la gran mayoría de las exportaciones energéticas del Golfo al resto del mundo. Las imágenes satelitales muestran decenas de petroleros varados, esperando. Los costos de seguro para embarcaciones que intenten cruzar se han disparado a niveles prohibitivos.
El 6 de marzo, la Guardia Revolucionaria iraní lanzó una advertencia escalofriante: “Estamos a la espera” de la llegada de fuerzas estadounidenses que escoltarán petroleros a través del estrecho. Su portavoz recordó el incendio del superpetrolero estadounidense Bridgeton en 1987, una amenaza nada sutil de lo que puede pasar.
El precio de la incertidumbre: cuando los mercados entran en pánico.
Los mercados reaccionaron con violencia:
– El Brent subió casi un 9% para negociarse alrededor de US$79 el barril, mientras que el WTI aumentó un 8% hasta US$73 el barril.
– El precio del gas natural holandés subió casi un 48% después de que Catar detuviera la producción de GNL tras un ataque iraní.
Pero el petróleo es solo el principio. El Instituto de Finanzas Internacionales ha planteado dos escenarios:
Escenario 1 (optimista): La confrontación permanece contenida y la pérdida efectiva de suministro se limita a aproximadamente 1,5 millones de barriles diarios para 2026.
Escenario 2 (catastrófico): La interrupción persiste durante tres meses y las pérdidas netas promedio de suministro aumentan a 3,5 millones de barriles diarios, llevando el petróleo a un rango de entre US$100 y US$110 por barril.
Ahora mismo, estamos más cerca del escenario 2.
Más allá del petróleo: las cadenas de suministro al borde del colapso
“El conflicto en aumento en Medio Oriente está creando incertidumbre inmediata para las cadenas de suministro, con movimientos de buques cambiando cada hora y los transportistas gestionando cargas que quizá ya no lleguen a sus puertos de destino.”
— Xeneta, empresa de análisis de envíos
Lo que muchas empresas no entienden todavía es que esto va mucho más allá del petróleo.
Los contenedores con destino a Medio Oriente están comenzando a acumularse en los puertos de India después de que varios grandes transportistas suspendieran envíos a la región. Las exportaciones de arroz indio están paralizadas. Los fertilizantes que alimentan la mitad de la producción mundial de alimentos están atrapados.
Las aerolíneas de Medio Oriente, incluidas Emirates, Qatar Airways y Etihad, representan alrededor del 13% de la capacidad mundial de carga aérea. Con el espacio aéreo regional severamente restringido, artículos de alto valor como teléfonos inteligentes, microchips y productos electrónicos no pueden moverse.
La Agencia Europea de Seguridad Aérea ha extendido su advertencia hasta el 11 de marzo para que las aerolíneas no operen en el espacio aéreo de Medio Oriente, afectando a Arabia Saudí, Baréin, Catar, EAU, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano y Omán.
El costo humano invisible: cuando los trabajadores son bajas colaterales.
Hay una dimensión del conflicto que los mercados ignoran pero que revela la fragilidad del sistema: muchas de las muertes de civiles reportadas en los Estados del Golfo son nacionales del sur de Asia, lo que resalta la dependencia de la región en una fuerza laboral migrante.
Trabajadores de Pakistán, Nepal y Bangladesh que fueron el motor económico del Golfo ahora son víctimas de drones iraníes. Son los olvidados de esta guerra, pero su ausencia paralizará industrias enteras en las próximas semanas.
Lo que esto significa para tu empresa (aunque estés en España).
Después de dos décadas en comercio internacional, he aprendido que ninguna empresa es una isla. Incluso si no exportas a Medio Oriente, esta guerra te afectará.
Si importas de Asia:
Los costos de transporte marítimo y aéreo están disparándose. Los contenedores que normalmente costaban $2,000 ahora pueden costar el doble, si es que encuentras espacio.
Si usas materias primas energéticas:
Prepárate para aumentos de costos que se filtrarán por toda tu cadena de suministro en las próximas 8-12 semanas.
Si exportas a cualquier parte:
El encarecimiento de la energía aumentará tus costos logísticos. La volatilidad cambiaria se intensificará. Los plazos de entrega se volverán impredecibles.
La pregunta que nadie puede responder: ¿cuánto durará?
Trump ha dado señales contradictorias. Primero dijo que el conflicto duraría “uatro semanas”. Luego declaró que “no tiene límites de tiempo” para la guerra con Irán. Posteriormente afirmó que la “gran ola ni siquiera ha ocurrido, la grande viene pronto”.
El presidente del Estado Mayor Conjunto fue más directo: Estados Unidos comenzará a “atacar cada vez más profundamente” Irán.
Mientras tanto, Trump subió la apuesta y afirmó que no habrá acuerdo con Irán hasta una “rendición incondicional”.
Esto no suena a un conflicto de semanas. Suena a meses, quizás más.
Las consecuencias que ya están aquí.
El Fondo Monetario Internacional advierte que el conflicto podría tener “un impacto muy grande en la economía global” en inflación y crecimiento económico.
Si los precios del petróleo se mantienen en los niveles actuales durante varios meses, la inflación en Estados Unidos podría subir del 2,4% en enero al 3% para finales de año, según Goldman Sachs. Eso haría casi imposible que la Reserva Federal recorte tasas de interés este año.
Para Europa y Asia, mucho más dependientes del petróleo de Medio Oriente, el impacto será peor.
Lo que las empresas inteligentes están haciendo ahora.
En conversaciones privadas con clientes y colegas del sector esta semana, veo dos tipos de empresas:
Las que esperan: Piensan que esto “pasará pronto” o que “no nos afectará”. Están esperando a ver qué pasa. Son las mismas que en 2020 se negaron a creer que el COVID cambiaría todo hasta que fue demasiado tarde.
Las que actúan: Están revisando contratos, asegurando inventarios críticos, explorando proveedores alternativos, renegociando plazos de entrega, ajustando precios con clientes clave.
La diferencia entre ambas será brutal en 60 días.
Mis recomendaciones (después de 20 años navegando crisis)
1. Asume el peor escenario.
No esperes que esto se resuelva rápido. Planifica como si el conflicto durara 6 meses. Si se resuelve antes, genial. Si no, estarás preparado.
2. Comunica proactivamente con clientes y proveedores.
No esperes a que te pregunten. Informa sobre posibles retrasos, aumentos de costos o cambios en condiciones. La transparencia construye lealtad en momentos difíciles.
3. Diversifica AHORA, no cuando sea tarde.
Si dependes de una sola ruta de suministro o un solo proveedor crítico, es momento de buscar alternativas. El costo de diversificar hoy es 10 veces menor que el costo de paralizarte mañana.
4. Asegura inventario de materiales críticos
Si hay componentes o materias primas sin las cuales no puedes operar, aumenta tu stock. Sí, cuesta dinero. Pero es más barato que parar producción.
5. Revisa tus cláusulas de fuerza mayor
¿Tus contratos contemplan interrupciones geopolíticas? ¿Quién asume costos adicionales de transporte? ¿Qué pasa si los plazos se extienden? Estas preguntas deben responderse ANTES de que los problemas lleguen.
La única certeza es la incertidumbre
“El estrecho de Ormuz es esencial para la producción mundial de alimentos. Los fertilizantes no son solo otra materia prima: casi la mitad de la producción mundial de alimentos depende de ellos.”
— Svein Tore Holsether, CEO de Yara International
Vivimos en un mundo interconectado donde un misil lanzado en Teherán puede cerrar una fábrica en Barcelona tres semanas después. Donde siete días de guerra pueden amenazar la seguridad alimentaria global.
Esto no es el fin del comercio internacional. Pero sí es un recordatorio brutal de que el comercio internacional nunca fue solo sobre productos y precios. Es sobre geopolítica, riesgo, adaptabilidad y relaciones humanas.
Las empresas que sobrevivirán y prosperarán en este nuevo entorno son las que entienden que la volatilidad no es temporal, es estructural. Que la diversificación no es costosa, es esencial. Que la transparencia con clientes y proveedores no es debilidad, es estrategia.
Llevamos siete días. Nadie sabe cuántos más quedan. Pero una cosa es segura: el mundo del comercio internacional del 1 de marzo de 2026 ya no existe. Lo que viene después depende de qué tan rápido te adaptes a esta nueva realidad.
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¿Tu empresa está preparada para navegar esta crisis? En los próximos artículos exploraremos estrategias concretas para proteger tus operaciones internacionales en tiempos de máxima incertidumbre geopolítica. Porque después de 20 años en este sector, sé que las crisis también crean oportunidades, pero solo para quienes saben dónde buscarlas.