marzo 14, 2026

 La paradoja más cruel del comercio global: salvando la economía mundial financiando una guerra

By In Actualidad Internacional 2026

 La paradoja más cruel del comercio global: salvando la economía mundial financiando una guerra

Cuando el Estrecho de Ormuz cerró, Rusia se ha convertido en la solución. Y Ucrania ha vuelto a pagar el precio.

“Sólo esta flexibilización por parte de Estados Unidos podría proporcionar a Rusia unos $10,000 millones para la guerra. Esto ciertamente no ayuda a la paz.” 
Volodimir Zelenski, Presidente de Ucrania (13 de marzo, 2026)

Han pasado dos semanas desde que el Estrecho de Ormuz dejó de ser una ruta comercial para convertirse en un campo de batalla. Dos semanas desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva contra Irán. Dos semanas desde que el 20% del petróleo mundial quedó bloqueado.

Y en esas dos semanas, el orden geopolítico que costó cuatro años construir —el aislamiento económico de Rusia tras su invasión de Ucrania— comenzó a desmoronarse.

El 13 de marzo de 2026, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció lo impensable: el levantamiento temporal de las sanciones al petróleo ruso “para ampliar el alcance global del suministro existente”.

La justificación es técnica. La realidad es brutal. Y las implicaciones, devastadoras.

1-El colapso de Ormuz: cuando 33 kilómetros paralizan el mundo

La geografía como arma de destrucción económica

El Estrecho de Ormuz tiene apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho. Por ese corredor circulaban, hasta hace dos semanas:

– 20% del petróleo mundial (15 millones de barriles diarios).
– 5 millones de barriles diarios de derivados del petróleo.
– Volúmenes masivos de gas natural licuado.
– Fertilizantes esenciales para la producción agrícola global.

Hoy, según la Agencia Internacional de Energía, el tráfico por Ormuz se ha reducido a menos del 10% de los niveles previos a la crisis. La pérdida efectiva: 10 millones de barriles diarios fuera del mercado.

No es una escasez. Es un shock de oferta histórico.

 La amenaza iraní: más real de lo que nadie anticipó

Según informes de CNN, las autoridades de seguridad nacional estadounidenses subestimaron significativamente la disposición de Irán a cerrar el Estrecho de Ormuz. La administración Trump creía que Irán se limitaría a amenazas retóricas.
Se equivocaron.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica no solo cerró el estrecho. Advirtió que “prenderá fuego” al petróleo y gas de la región en represalia contra cualquier ataque a la infraestructura energética iraní.

Irán ha colocado minas en el estrecho. Estados Unidos afirma haber hundido 16 naves iraníes dedicadas a minar la zona. Al menos 16 petroleros, cargueros y otras embarcaciones han sido atacados. La navegación comercial se ha detenido casi por completo.

El resultado: El barril de Brent, referencia europea, superó los $100 dólares. Goldman Sachs revisó sus previsiones al alza, esperando $100 por barril en marzo y $85 en abril, asumiendo que la interrupción durará solo tres semanas.
Pero nadie cree que durará solo tres semanas.

 2. Rusia: el beneficiario accidental (o estratégico).

Los números que Europa no quiere ver
Mientras el mundo enfrentaba la peor crisis energética desde la guerra de Ucrania en 2022, Rusia observaba con satisfacción creciente.

Según cálculos del Financial Times, desde el cierre de Ormuz, Rusia ha obtenido entre $1,300 y $1,900 millones de dólares en ingresos extraordinarios por impuestos a exportaciones de petróleo.

Si la situación persiste hasta finales de marzo, Moscú podría ingresar entre $3,300 y $4,900 millones de dólares adicionales.
Según la Comisión Europea, Rusia está obteniendo entre $50 y $150 millones de dólares diarios en ingresos adicionales solo por el aumento de precios del petróleo.

Y eso fue antes de que Estados Unidos levantara las sanciones.

 La decisión que rompió el consenso occidental

El 13 de marzo, Estados Unidos cruzó una línea que Europa juró nunca cruzar: permitir temporalmente la compra de petróleo ruso “actualmente varado en el mar”.

La justificación técnica: Liberar cargamentos ya en tránsito para aliviar la escasez de suministro.

La realidad política: Reconocer que sin petróleo ruso, el mercado global colapsa.

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, no ocultó su satisfacción: “Vemos las acciones de EE.UU. como un intento por estabilizar el mercado energético, por lo que en este sentido nuestros intereses coinciden.”

¿Coinciden los intereses de Estados Unidos y Rusia?

Esa frase, impensable hace seis meses, resume la brutalidad de la nueva realidad geopolítica.

 ¿Es Rusia realmente la “solución”?

Aquí está el dilema más incómodo de todos:

Sí, Rusia tiene petróleo disponible. 
Sí, Rusia puede aumentar exportaciones rápidamente. 
Sí, Rusia tiene infraestructura energética que no depende del Estrecho de Ormuz (oleoductos terrestres, rutas del Ártico, exportaciones por el Báltico).

Pero considerar a Rusia “la solución” ignora tres realidades brutales:

1. Rusia no puede reemplazar todo el petróleo perdido de Ormuz.
Rusia produce aproximadamente 10 millones de barriles diarios. Ya exportaba gran parte de eso (con sanciones limitando sus mercados). No puede mágicamente añadir 10 millones de barriles diarios al mercado.

2. La infraestructura rusa no está dimensionada para esta demanda.
Los oleoductos rusos tienen capacidad limitada. Las exportaciones por el Ártico son estacionales y logísticamente complejas. Aumentar producción requiere tiempo e inversión.

3. Rusia no es un proveedor “neutral”
Cada dólar que Europa paga a Rusia financia la maquinaria de guerra que está destruyendo Ucrania. No hay forma de separar “petróleo comercial” de “financiamiento de guerra”.

Entonces, ¿es Rusia “la solución”?
No. Es un parche temporal que crea dependencias estratégicas peligrosas y debilita el único instrumento de presión efectivo que Occidente tenía sobre Moscú: las sanciones económicas.

 3. La tragedia ucraniana: otra vez el daño colateral.

 Los números de la traición
Volodímir Zelenski no usó palabras diplomáticas. Durante su visita a París el 13 de marzo, fue directo:
“Esta concesión por parte de EE.UU. podría proporcionar a Rusia unos $10,000 millones para la guerra.”
$10,000 millones de dólares.

Para poner eso en perspectiva:

– Es más del doble del paquete de ayuda militar que Ucrania recibió de Estados Unidos en el primer trimestre de 2026.
– Es suficiente para fabricar decenas de miles de drones.
– Es suficiente para sostener operaciones militares rusas durante meses.

Zelenski continuó: “Rusia gasta ese dinero en armas, en drones para atacar masivamente a los ucranianos, y como ya vemos en los informes de inteligencia, esos mismos drones se utilizan también contra los vecinos de Irán.”

La ironía es devastadora: Estados Unidos está luchando contra drones iraníes en el Golfo Pérsico mientras, indirectamente, financia a Rusia para que compre… drones iraníes para usar en Ucrania.

 La lógica de guerra que nadie quiere admitir
El presidente ucraniano fue más allá. Señaló que la inteligencia ucraniana ha detectado que Rusia está calculando activamente cómo prolongar el conflicto en Medio Oriente.

¿Por qué? Porque mientras la atención global esté en Irán:
– La presión sobre Rusia se debilita.
– Las sanciones se relajan “temporalmente” (y ya sabemos que lo temporal tiende a volverse permanente).
– Los precios del petróleo se mantienen altos, beneficiando a Moscú.
– Las conversaciones de paz Rusia-Ucrania quedan en pausa.

Zelenski advirtió: “Tenemos información de que los rusos quieren hablar sobre un levantamiento total de las sanciones a su sector energético.”

No temporal. Total.
Y con Estados Unidos ya cediendo “temporalmente”, ¿quién puede garantizar que no cederá permanentemente?

Europa: dividida, debilitada, desesperada
La reacción europea fue de furia… y de impotencia.

António Costa, Presidente del Consejo Europeo, calificó la decisión de “muy preocupante porque impacta en la seguridad europea”.

Emmanuel Macron dijo que Rusia “se equivoca si cree que la guerra en Irán le dará un respiro”, pero añadió que las exenciones estadounidenses son “limitadas y adoptadas de manera excepcional”. ¿Está tratando de convencer al mundo o de convencerse a sí mismo?

Friedrich Merz, canciller alemán, fue más duro: “Seis miembros del G7 expresaron ante Trump su desacuerdo sobre el levantamiento de sanciones. Actualmente hay un problema de precios, pero no un problema de suministro.”

Pero sus palabras suenan huecas cuando Alemania misma acaba de beneficiarse del levantamiento de sanciones a las filiales alemanas de Rosneft.
Europa está atrapada en su propia contradicción: moralmente opuesta a financiar a Rusia, económicamente incapaz de sobrevivir sin energía barata.

 4. La pregunta imposible: ¿negociamos con cualquiera para salvar la economía?

El dilema de Trump (y del mundo)
Donald Trump enfrenta el dilema geopolítico más brutal de su presidencia:

Opción A: Mantener las sanciones a Rusia, defender el principio de que la agresión internacional debe tener consecuencias, apoyar a Ucrania. 
Costo: Precios del petróleo estratosféricos, inflación descontrolada, recesión económica en Estados Unidos, pérdida de apoyo electoral.

Opción B: Levantar sanciones temporalmente, estabilizar mercados energéticos, evitar colapso económico. 
Costo: Financiar la guerra de Rusia en Ucrania, debilitar el orden internacional basado en reglas, traicionar a un aliado bajo ataque.

Trump eligió la Opción B. Y lo hizo sin consultarlo con Europa.
 
La normalización de lo impensable
Hace un año, sugerir que Estados Unidos levantaría sanciones a Rusia era impensable. Hoy es política oficial, aunque “temporal”.
Hace un año, Europa juraba nunca más depender de energía rusa. Hoy, varios países negocian silenciosamente con Moscú.

Hace un año, Ucrania creía que Occidente la apoyaría “todo el tiempo que sea necesario”. Hoy, Zelenski advierte abiertamente que está siendo sacrificada en el altar de la estabilidad energética.

¿Cómo llegamos aquí?
Porque la economía siempre vence a la moral. Siempre.

Cuando la gasolina cuesta €2,07 el litro en Alemania (subida del 9,9%), cuando España ve aumentos del 7,6%, cuando la inflación amenaza con destruir economías enteras, los principios se vuelven… flexibles.
El asesor ruso que dijo la verdad incómoda

Kirill Dimitriev, asesor presidencial ruso, resumió la situación con una brutalidad refrescante:
“Los burócratas de la UE quieren continuar con el seppuku energético de la UE y se oponen a la decisión estadounidense de suavizar las sanciones energéticas a Rusia para estabilizar el mercado.”

Usó la palabra seppuku —suicidio ritual japonés— deliberadamente.

Y tiene razón.

Europa puede mantener sus principios y colapsar económicamente. O puede ceder, comprar energía rusa, y admitir que la geopolítica moral tiene límites económicos muy concretos.
No hay opción buena. Solo opciones terribles.

 5. Las consecuencias: quién gana, quién pierde, y por qué todos perdemos

 GANADOR INDISCUTIBLE: Rusia
Ganancias inmediatas:
– $1,300-$1,900 millones ya ganados por aumento de precios.
– Potencial de $3,300-$4,900 millones más si la crisis persiste.
– $10,000 millones adicionales por levantamiento de sanciones (estimación Zelenski)
– Total potencial: $15,000-$17,000 millones en un mes.

Ganancias estratégicas:
– Primer levantamiento de sanciones desde 2022 (precedente establecido).
– Debilitamiento del consenso occidental.
– División entre Estados Unidos y Europa.
– Atención global desviada de Ucrania.
– Posicionamiento como “proveedor energético indispensable”.

Vladimir Putin no necesitó invadir a nadie ni conquistar territorios. Solo necesitó que Estados Unidos atacara a Irán.

PERDEDOR ABSOLUTO: Ucrania

Pérdidas inmediatas:

– Rusia recibe $10,000+ millones para continuar la guerra.
– Negociaciones de paz pospuestas indefinidamente.
– Atención internacional desviada al conflicto de Irán.

Pérdidas estratégicas:
– El principio de “no negociar con agresores” ha muerto.
– Las sanciones como herramienta de presión se debilitan.
– El apoyo occidental ya no es incondicional (es condicional a precios del petróleo).
– Ucrania aprende la lección más amarga: cuando los intereses económicos de Occidente están en juego, los aliados son sacrificables.

Zelenski lo resumió perfectamente: ”¿Cómo es posible levantar las sanciones a Rusia si es la agresora?”
La respuesta: Es posible cuando la alternativa es colapso económico.

 PERDEDOR PARCIAL: Europa

Pérdidas de principios:
– Credibilidad moral debilitada.
– Unidad europea fracturada.
– Dependencia energética rusa reinstaurada.

Pérdidas estratégicas:
– Seguridad energética comprometida (de nuevo).
– Política exterior subordinada a decisiones unilaterales de Trump.
– Vulnerabilidad ante chantaje energético ruso (de nuevo).

Europa está aprendiendo, otra vez, que depender de energía autoritaria es una mala idea. Pero lo está aprendiendo mientras firma contratos con… energía autoritaria.

GANADOR TÁCTICO: Estados Unidos (a corto plazo)
Trump evita una recesión económica antes de las elecciones de medio término. Los precios del petróleo se estabilizan (tal vez). La inflación no se dispara.

Pero a qué costo:
– Credibilidad internacional debilitada
– Alianzas con Europa fracturadas
– Ucrania traicionada
– Irán sigue siendo una amenaza
– Rusia fortalecida

¿Es esto una victoria? Depende de cuán corto sea tu horizonte temporal.

PERDEDOR ABSOLUTO: El orden internacional basado en reglas.
Si la agresión internacional (Rusia invadiendo Ucrania) puede ser perdonada porque necesitamos el petróleo del agresor, entonces no hay reglas. Solo hay intereses.

China está observando. Taiwán está observando. Cada país autoritario con recursos naturales estratégicos está tomando notas.

La lección: Si tienes petróleo, gas o minerales críticos, puedes invadir a tus vecinos y eventualmente Occidente negociará contigo.

6. La pregunta moral que nadie quiere responder

 ¿Debemos negociar con cualquiera para evitar que la economía se colapse?

Esta es la pregunta central. Y es brutalmente honesta.

Argumentos a favor (realismo brutal):
-. La economía sostiene todo lo demás: Sin economía funcional, no hay capacidad de ayudar a Ucrania, defender aliados, o mantener ejércitos. La estabilidad económica es condición previa para todo lo demás.
-. Las sanciones ya estaban fallando: Rusia encontró formas de evadirlas (India, China, Turquía). El levantamiento temporal solo reconoce una realidad que ya existía.
-. Es temporal: Las sanciones se reinstatarán cuando termine la crisis. Esto es pragmatismo, no traición.
-. La alternativa es peor: Si la economía global colapsa, Ucrania pierde igual (porque nadie podrá ayudarla). Al menos así mantenemos capacidad de apoyo a largo plazo.

Argumentos en contra (principios y consecuencias):

-. “Temporal” es mentira: Las medidas “temporales” tienden a volverse permanentes. Una vez abierta la puerta, es imposible cerrarla.
-. Precedente devastador: Si la agresión puede ser recompensada cuando es económicamente conveniente, entonces no hay desincentivo para futuros agresores.
-. Ucrania paga el precio real: Mientras debatimos filosofía económica, ucranianos mueren con armas compradas con dinero que nosotros le damos a Rusia.
-. Falsa dicotomía: No es “economía O principios”. Hay alternativas (reservas estratégicas, producción acelerada en otros países, racionalización del consumo). Elegimos la opción fácil, no la única.

Mi respuesta (después de 20 años en comercio internacional)

No hay respuesta correcta. Hay solo opciones terribles.
Pero hay una verdad incómoda que debemos admitir: Las economías modernas no pueden funcionar sin energía barata y estable. Punto.
Podemos tener todos los principios morales del mundo, pero si la gente no puede llenar el tanque de gasolina, calentar sus casas, o las fábricas no pueden operar, esos principios se evaporan rápidamente.

Esto no es una defensa del levantamiento de sanciones. Es un reconocimiento de por qué sucedió.

La verdadera pregunta no es “¿debemos negociar con cualquiera?”. La verdadera pregunta es: ”¿Por qué seguimos dependiendo de energía concentrada en manos de regímenes autoritarios?”

Y esa pregunta tiene 40 años sin respuesta.

7. ¿Paraliza esto el comercio internacional?

 El impacto empresarial real (más allá de la geopolítica)

Para las empresas españolas y europeas, este no es un debate filosófico. Es supervivencia operativa.

Si eres importador/exportador:
– Rutas comerciales alternativas al Estrecho de Ormuz no existen a escala suficiente.
– Costos logísticos han subido 30-50% en dos semanas.
– Seguros marítimos están prohibitivamente caros.
– Plazos de entrega se han duplicado o triplicado.

Si dependes de materias primas:
– Fertilizantes: +35% en una semana.
– Plásticos y químicos: escasez creciente.
– Componentes asiáticos: varados en puertos.

Si produces en Europa:
– Costos energéticos disparados (gasolina, electricidad, calefacción).
– Materias primas más caras.
– Competitividad destruida vs. productores en países con energía más barata.

 ¿Se paraliza el comercio internacional?

No se paraliza. Pero se transforma brutalmente.
El comercio internacional no se detiene. Se reorganiza. Y esa reorganización tiene ganadores y perdedores.

GANADORES:
– Empresas con flexibilidad logística (múltiples proveedores, rutas alternativas).
– Productores locales que pueden sustituir importaciones.
– Empresas que invirtieron en eficiencia energética.
– Comerciantes capaces de navegar ambigüedad regulatoria.

PERDEDORES:
– PYMEs sin músculo financiero para absorber sobrecostos.
– Empresas dependientes de cadenas de suministro asiáticas vía Ormuz.
– Sectores intensivos en energía sin alternativas.
– Empresas que operaban con márgenes delgados.

 Lo que las empresas deben hacer AHORA:
1. Diversificación urgente de rutas:
No esperes a que Ormuz se reabra. Busca alternativas: ruta del Cabo de Buena Esperanza, ferrocarril transiberiano, producción nearshore.
2. Renegociación de contratos:
Cláusulas de fuerza mayor, ajustes de precios por energía, extensiones de plazos. Hazlo proactivamente, no reactivamente.
3. Cobertura energética:
Si puedes, asegura precios de energía a mediano plazo. La volatilidad solo aumentará.
4. Comunicación con clientes:
Transparencia total sobre impactos. Las relaciones sólidas sobreviven crisis, las transaccionales no.
5. Planificación de escenarios:
Escenario 1: Crisis de 3 semanas (optimista) 
Escenario 2: Crisis de 3 meses (probable) 
Escenario 3: Reorganización permanente del comercio global (posible)

Planifica para el 3, espera el 2, reza por el 1.

8. Conclusión: cuando el cinismo es la única honestidad.

Aquí está la verdad que nadie quiere decir en voz alta:
El levantamiento de las sanciones a Rusia no es temporal. Es el comienzo del fin del régimen de sanciones.
Ucrania ya no es la prioridad número uno de Occidente. Tal vez nunca lo fue. Era la prioridad mientras no costaba demasiado.
Cuando el costo se volvió insoportable —precios del petróleo estratosféricos, inflación descontrolada, recesión inminente— los principios se ajustaron.

Esto no es una crítica moral. Es una observación empírica.

Los Estados actúan en interés propio. Siempre. Cuando ese interés coincide con principios morales, proclamamos valores universales. Cuando no coincide, encontramos justificaciones técnicas.

¿Es Rusia “la solución” al cierre de Ormuz?
No. Rusia es un parche imperfecto que compra tiempo mientras el mundo busca soluciones reales.
Pero ese parche tiene un costo: $10,000 millones que financian una guerra. Cientos de ucranianos que morirán con armas compradas con ese dinero. Un precedente que debilita el orden internacional.

¿Debemos negociar con cualquiera para salvar la economía?

La respuesta honesta es: Ya lo estamos haciendo.
Negociamos con Arabia Saudí a pesar de Khashoggi. 
Negociamos con Qatar a pesar de financiar terrorismo. 
Compramos minerales raros de China a pesar de Xinjiang. 
Y ahora, compramos petróleo de Rusia a pesar de Ucrania.

No es una pendiente resbaladiza. Ya estamos en el fondo.

La única pregunta que queda es: ¿Cuándo admitiremos que el comercio internacional nunca tuvo moral, solo tenía conveniencia?

—–
Después de más de 20 años en comercio internacional, he aprendido algo incómodo: Los negocios se hacen entre personas. Las guerras se financian con negocios. Y cuando esas dos realidades chocan, los principios son el primer daño colateral.

Ormuz se cerrará. Eventualmente se reabrirá. Pero el precedente quedará: cuando la economía está en juego, todo es negociable.
Incluso Ucrania.
Incluso nosotros.

—–
¿Tu empresa está sintiendo el impacto del cierre de Ormuz? ¿Cómo estás adaptando tus operaciones? Comparte tu experiencia en sandralabarta.com o contáctame directamente.
Porque al final, mientras los líderes debaten filosofía geopolítica, son las empresas —y las personas que trabajan en ellas— quienes pagan el precio real de estas crisis.